LA CONTEMPLACIÓN EN SAN IGNACIO DE LOYOLA
Después del ejercicio del "Reino'" siguen unos tres días dedicados a la infancia y a la vida oculta de Cristo. Estos ejercicios son ejemplos de contemplación ignaciana. Puesto que hay diferentes explicaciones de lo que es contemplación, éste puede ser el lugar para detenernos un momento en el asunto. La contemplación estrictamente hablando es la asunción de una persona en la presencia de Dios, o en uno y otro de los misterios de Cristo. Pero en este momento de los Ejercicios Ignacio no está tratando de la contemplación en ese sentido estricto sino simplemente presentando un método de oración.
La meditación tiende a ser discursiva, es decir, la persona cuando medita piensa sobre alguna verdad o virtud. La contemplación, en cambio, busca una respuesta profundamente sentida, haciéndose uno presente a la persona o al acontecimiento, más que pensando sobre esa persona, sobre sus enseñanzas y virtudes. El acto de presencia es básico a la contemplación. Es un esfuerzo para estar presente con Cristo en un misterio concreto de su vida...
Esta experiencia "contemplativa" de oración es especialmente apta para el discernimiento de espíritus. Cuando una persona está tratando de encontrar lo que el Señor quiere. Es una forma muy tranquila de oración. También muy simple. El ejercitante tiene solamente que "estar allí", en el misterio: debe colocarse a sí mismo en la escena y dejar que el Espíritu tome posesión. Este acceso a la oración requiere menos esfuerzo mental y nos deja libres, como un pájaro que planea en el aire. En tal atmósfera el Espíritu puede entrar y salir de la mente y del corazón de la persona mucho más fácilmente que en una forma meditativa de oración.
La contemplación permite libertad para que el Espíritu actúe. Algunas veces la oración vocal, discursiva o meditativa puede llevar a la misma actitud tranquila y suave ante Dios.
Incluso cuando pedimos las cosas de Dios en Cristo, la petición es una apertura nuestra... Uno tiene que ofrecerse a sí mismo, unas veces activo, en la oración, otras pasivo. Santa Teresa habla de la gracia y dice que viene como el agua, unas veces como de un pozo. Otras como de una fuente, o como de un grifo, y otras veces como del cielo en forma de lluvia. Entonces, a veces uno tiene que llenar el cubo, otras veces simplemente abrir el grifo, y otras, el agua viene por sí misma.
Este método contemplativo de oración puede ser entendido con suficiente facilidad si advertimos la fuerza de la memoria y de la imaginación en la vida ordinaria. No es difícil para la mayoría de la gente, .en uno u otro momento, entrar en un arrobamiento. Entonces uno olvida lo que lo rodea y es agarrado por la escena o por las circunstancias de hechos anteriores que le produjeron una profunda impresión. Oye lo que se dice, ve las acciones, gestos y expresiones de los que estuvieron implicados, y experimenta de nuevo el misterioso significado de lo que entonces ocurrió.
En la contemplación ignaciana uno forma el hábito de perderse a sí mismo, a través de esas mismas fuerzas, en acontecimientos sagrados de gran significación. Después de alguna práctica inicial, se aprende cómo permanecer en la escena y en sus acciones, estar distensionado y tranquilo en Ia presencia de los que hablan y se mueven y abrirse sin reservas a lo que ocurre, para que pueda recibir una profunda impresión de su misterioso significado.
La presencia de Cristo para el que contempla puede ser considerada desde dos puntos de vista. Contiene algunos aspectos de la presencia de Cristo en nosotros a través de la inhabitación del Espíritu Santo que nos ha sido dado en el bautismo. También incluye algunos aspectos de su presencia en la Eucaristía. Estos dos sacramentos, por tanto, pueden ayudamos a entender de alguna manera como Cristo puede hacerse presente a la persona que contempla los misterios de su infancia y de su vida publica.
Mediante nuestro bautismo el espíritu Santo habita en nosotros como en un templo. Ahora, este Espíritu es enviado no solo por el Padre sino también por Jesús mismo: "El Paráclito, el Espíritu Santo que mandará el Padre en unión conmigo, él se lo irá enseñando todo y les irá recordando todo lo que yo les he expuesto" (Jn. 14:26). "Cuando llegue el Paráclito que yo voy a mandarles de parte del Padre... él dará testimonio de mí (Jn. 15:26). "El manifestará mi gloria, porque, para darles la interpretación, tomará de lo mío" (Jn. 16:14).
El Espíritu en nuestros corazones, a través del bautismo, es el Espíritu de Jesús. Podemos decir que el Espíritu nos recuerda todo lo que Jesús enseño a sus apóstoles: en ese sentido su Espíritu alienta y vivifica en nosotros la "memoria experiencia/" de la que acabo de hablar.
En la Eucaristía, por otra parte, bajo las apariencias de pan y vino Cristo se hace realmente presente a nosotros. El Señor resucitado, porque está más allá del tiempo, entra en nuestro tiempo en este momento de la Eucaristía. La presencia de Cristo ante nosotros en la oración es del mismo estilo y depende, de modo similar, de la resurrección de Cristo. En su estado resucitado Cristo puede hacer presentes (re-presentar) los misterios de su vida así como hace presente el Misterio Pascual en la Eucaristía. Hay una nueva dimensión en la Eucaristía que no se podía encontrar en la Ultima Cena: ¡la presencia del cristiano! Obviamente, no estuvimos allí en la primera institución, pero podemos estar presentes en la Eucaristía hoy. Esta es una importante diferencia. Cristo ha traído el Misterio Pascual ante nosotros en la Eucaristía. Bien, de una manera análoga a nuestra presencia durante la Eucaristía, podemos estar presentes en los misterios que contemplamos. El Señor puede hacer esto porque en su vida resucitada y llena de gloria trasciende el tiempo y el espacio. Es el Señor de la historia y del universo.
Así, en este tipo de oración la contemplación ignaciana comienzo con mi memoria recordando los eventos como son narrados por las Escrituras, viendo las personas, oyendo lo que están diciendo y mirando lo que están haciendo. Pero luego la gracia tomo conciencia de esos eventos en el misterio no en el sentido en el que imagino un acontecimiento histórico de hace 2.000 años sino en el sentido en el que Cristo trae el misterio delante de mí.. Por consiguiente, en la contemplación ignaciana aparecen dos movimientos: un retorno en la historia a través del espíritu Santo que me recuerda todas las cosas; pero también, y más importante, un venir de Cristo hasta mí para presentárseme él mismo en el misterio que estoy contemplando. Todo esto, por supuesto, depende de la gracia: la libre presentación de las Personas divinas a mí.
La razón para traer acá una explicación teológica es para insistir en que la oración contemplativa es real; me preocupa que el ejercitante pueda sentirla únicamente como un ejercicio de la imaginación. Es el Espíritu Santo el que lanza a una persona en el misterio. Y la lanza a una real presencia "mística" y no meramente a su imaginación, de la misma manera en que un cristiano llega a una real presencia sacramental en la Eucaristía. Esto es lo que la contemplación significa.
Estrictamente hablando, cuando un cristiano esta presente en el misterio, recibe el don de la contemplación. Ignacio sugiere un método para abrirse uno mismo al misterio. Pero cuando uno está de hecho introducido en el misterio, esto se debe a una ulterior acción de Dios. Por supuesto, toda acción portadora de gracia viene de Dios, tal como dice San Pablo: "Dios es quien activa en ustedes ese querer y ese actuar, como bien le parece" (Fip. 2: 13).
Uno puede orar a Cristo niño, a Cristo que cuelga en cruz, a Cristo y a la mujer que lava sus pies. Esto es posible porque Cristo incluye en su ser resucitado todos los eventos de su vida histórica. Se podría explicar así: uno está con "el Cristo resucitado en su infancia.
Ese tipo de oración ha perdurado a través de los siglos de existencia cristiana. La fe de la Iglesia ha actuado por este camino. Mi confianza en este tipo de oración brota del hecho de que gente santa en la Iglesia ha venido practicándola durante dos mil años, más que del hecho de que los teólogos puedan dar una explicación sobre ella.
Es una oración que va pues, más allá de la imaginación. Pero solamente puede apoyarse en ella. Hay un doble movimiento. El primero es más o menos el que indica Ignacio cuando le dice al ejercitante que use de su imaginación para ver las personas, oír lo que dicen, mirar lo que hacen y sacar algún provecho. El esfuerzo de la imaginación: con la reflexión que la acompaña es en sí una buena oración. Pero lo que estoy sugiriendo, sin embargo, es que esto es sólo un despegue. El segundo movimiento ocurre cuando uno encuentre que ha pasado una hora, sin darse cuenta, y ha tenido alguna clase de experiencia de la presencia de Dios. Ha habido una nueva conciencia de Cristo en su misterio. Esta conciencia es de profundo conocimiento interior.
En su estudio, Los Ejercicios espirituales, Karl Rahner dice que nosotros no perdernos al Cristo humano cuando él asciende a su Padre porque él lleva consigo todas las cosas de su vida terrena. Cristo es la persona que puede retener cada momento de su vida en sí mismo. Así, cuando nosotros vamos al Cristo resucitado, en la oraci6n, podemos movernos en su "natividad" por el poder de su Espíritu. Todo esto es gracia, por supuesto: Cristo resucitado Que se nos hace presente a sí mismo en sus misterios y nosotros que lo recibimos gracias a que su Espíritu está en nosotros.
Es importante para nosotros orar sobre la "Encarnación" y los otros misterios de la vida de Cristo para ganar un profundo y sentido conocimiento de Jesús. Así entendemos más lo que Cristo significa cuando nos dice, por ejemplo, "venir conmigo, trabajar conmigo". La relación es tal que cualquier cristiano puede hacerse otro Cristo no sólo a través del bautismo que, por supuesto, es esencial, sino incluso en su vida de oración y en todas sus actividades.
Cuando el pueblo del Antiguo Testamento celebraba la comida pascual, sentía que los acontecimientos del pasado se hacían presentes para ellos. En la Misa no es que el Calvario se repita nuevamente sino que el Misterio Pascual se hace presente ahora para que los cristianos puedan participar en el. Este es el aspecto sacramental del misterio precisamente. En forma análoga, la palabra de la escritura es sacramental. Ella nos trae el misterio de la vida de Cristo y nos la hace presente.
El término "misterio" debe ser correctamente entendido. Por "misterio" no queremos significar un misterio detectivesco, un problema, ni algo falso o ficticio. Lo que significamos es que hay una presencia aquí que está más allá de nosotros y de nuestra incomprensión. Somos lanzados a ese misterio de la presencia divina, el continuo misterio de la presencia de Cristo. La contemplación implica nuestra habilidad para entrar en la presencia de Cristo, y su habilidad para entrar dentro de nosotros.
En la contemplación, pues, debemos caer en la cuenta de que todo lo que nosotros hacemos es exponernos, abrimos a esa presencia. Cuando el misterio se hace presente, el Señor está actuando en nosotros, como lo hace de manera análoga en la Eucaristía. Cuando contemplamos a Jesús en los misterios de su vida, estamos tratando de comprender algo de su experiencia como hombre. Pero cuando hacemos esto en el contexto de oración y de gracia, entonces Cristo hace de nosotros parte de su experiencia.
Cuando una persona es bautizada, como lo sabemos por Romanos 6, es bautizada en la muerte y resurrección de Cristo. Se convierte en parte de Cristo, en este sentido del "misterio". Se une a él de tal manera que el Espíritu de Cristo es también su espíritu. Newman dijo en algún lugar que Cristo renace en nosotros y vuelve a vivir en nosotros y muere de nuevo en nosotros. Y esto, porque mi humanidad, como la de Cristo, puede ser tomada por el espíritu Santo.
En la contemplación, el misterio se hace presente para que el hombre pueda conocer mejor al Señor, amarlo más y seguido mejor; el que contempla desea que la experiencia humana de Cristo sea, de alguna manera, también suya. El hombre se hace realmente presente a Cristo y, lo que es más importante, Cristo se le hace realmente presente al hombre.